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Algo de historia



En la década de los 70 las disaster movies, concepto con el que se define el cine de catástrofe en Estados Unidos, provocan un movimiento agonizante en un Hollywood que estaba en plena transformación.
En este momento los grandes estudios se encuentran en un estado de desequilibrio, por lo que necesitaban dar un giro en el cine. Éste exige nuevos decorados, grandes efectos especiales, estrellas considerables…
Después de todo esto, el nuevo Hollywood solo necesitaría algo con lo que fascinar, seducir y maravillar al público.
Tragedias reales como el terremoto de San Francisco en 1906 o el incendio del dirigible Hindengurg en 1937, fueron aprovechadas por los guionistas de la época para crear películas como “Aeropuerto” (George Seaton en 1970), “La Aventura del poseidón” (Ronald Neame en 1972) o “El coloso en llamas” (John Guillermin e Irwin Allen en 1974).
Aunque las catástrofes se llevaron al cine como tal en los 70, muchos guionistas se ayudaron de las mismas desgracias para hacer películas como “Chicago” (Henry King en 1936), “El hundimiento del Titanic” (Jean Negulesco en 1953) “San Francisco” (W.S Van Dyke en 1936), “Los últimos días de Pompeya” (E.B Shoedsack en 1935), o “Huracán” (Jhon Ford en 1937), en los años 30, y hay quien dice que las tres últimas establecieron el origen del cine de catástrofe.
El singular mundo de las catástrofes dio pie a dos tendencias: por un lado, grandes películas, y por otro, productos de muy baja calidad.
Tras surgir el terrorismo internacional renace este género tan peliagudo de tratar, con películas como “Titanic” (James Cameron en 1997), “Impacto profundo” (Mimi Leder en 1993), “Volcano” (Mick Jackson en 1997) o “Twister” (Jan de Bont en 1996) que podrían estar más relacionadas con el cine de aventuras, puesto que el género que nosotros tratamos está carente de personalidad y serenidad.
La aparición de los terroristas ha renovado el pánico y los temores de la sociedad actual, así el cine de catástrofe ha regresado a las grandes pantallas.
El atentado contra las Torres Gemelas (11 de Septiembre de 2001), el pavor producido por el ántrax, utilizado en Estados Unidos por medio del envío de cartas que contenían este polvo, y el francotirador que atemorizaba la ciudad de Washington en Octubre de 2002, provocaron un pánico semejante al que se vivió en la Guerra Fría.
Este desequilibrio originó que los directivos de los estudios tratasen esto como una cuestión morbosa para dirigirla al público.
“World Trade Center” (Oliver Stone en 2006), “United 93” (Paul Greengrass en 2006), “Daño Colateral” (Andrew Davis en 2002), “Avión Presidencial” (Wolfgang Petersen en 1997) o “Máxima velocidad” (Jan de Bont en 1994) son claros prototipos del nuevo cine de catástrofe, aunque los tres últimos señalados son anteriores a la conspiración de las Torres Gemelas.

1 comentarios:

adrii dijo...

eiii mañanaa te tengo q agradecer unaa cosaa ehh(adri arguu)

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